jueves, 17 de noviembre de 2011

La criptonita de Superman.

Will se levantó de la cama lentamente intentando hacer el menor ruido posible y se sentó en la silla que se encontraba en una esquina de la habitación. Buscó en el bolsillo de su chaqueta su caja de cigarros y encendió uno. Y ahí estaba ella, dormida entre las sabanas blancas con el pelo revuelto, ¿en que estaría soñando? En ese momento Will pagaría todo el dinero del mundo por conservar esa imagen para siempre en su cabeza, retener ese momento el mayor tiempo posible. Se le veía tan delicada y tan frágil como una muñeca de cristal. Podría pasarse horas ahí, sin hacer ruido, velando sus sueños y procurando que se encontrara bien. ¿Qué tenía ella que no tuvieran las muchas otras mujeres con las que había estado? Él siempre ha sido el hombre que pasa la noche con una mujer y a la mañana siguiente deja que se despierte sola en la cama; pero esta vez seguía estando ahí, a su lado. Se levanto y se acercó de nuevo a la joven que se encontraba durmiendo plácidamente en la cama; la miro detalladamente, cada milímetro de su piel, cada curva de su cuerpo. Se acercó mucho más, lo suficiente como para poder aspirar su aroma, ese olor le provocaba algo en su interior, una horrible sensación que le impulsaba a besar esos rosados labios. Volvió a levantarse de la cama y apagó el cigarro; no podía enamorarse, era su regla número uno. Echó la vista atrás y la miró. Pero era un riesgo que por ella correría.

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