Cuando todo estaba acabando, ya no quedaban ganas en el almacén, cuando la palabra felicidad parecía solo una palabra muy demandada e imposible de conseguir, ¿ganas de llorar? También se estaban agotando, no había más lágrimas que gastar. Y de pronto apareces tú. Mierda, que ganas tenía de encontrarte.

No hay comentarios:
Publicar un comentario